Jul 17, 2015

Economía colaborativa: ¿adónde va el taxi?

written by Rafael López
in category Artículo

El debate sobre Easy Taxi y Uber es interesante porque por primera vez el trasfondo de la “economía colaborativa” o “consumo colaborativo” dejó la sección de “tendencias” para instalarse en portada, crónica y opinión, tal como ha ocurrido en Estados Unidos y Europa en los últimos años.

Su premisa es “compartir en vez de poseer”, emplea la web y las redes sociales como lugar de intercambio y tiene como biblia el libro de Rachel Botsmann y Roo Rogers “What’s Mine Is Yours: The Rise of Collaborative Consumption” (2010).

Quizás no lo sabía, pero usando Yapo, Chileautos, Mercado Libre, Ebay o incluso Amazon, hace rato que usted pisó los márgenes de este circuito que según el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) movilizó 26 mil millones de dólares en 2014 y cuyo potencial ronda los US$ 110.000 millones.

Hoy puede vacacionar en la casa de un desconocido que se ajusta a su perfil en todas las ciudades de 191 países (Airbnb), subarrendar un auto de un tercero que lo ocupa poco o reservar un asiento en su trayecto diario (Amovens), como también adquirir un préstamo de otra persona natural a una mejor tasa que la del mercado (cumplo.cl).

El límite entre la economía colaborativa y la economía sumergida es lo que más inquieta a la autoridad, pero sobre todo a los operadores que -como los taxistas- ven amenazado su rubro por un servicio que es más atractivo y seguro.

Pero si siempre ha existido el mercado negro y en todos los rubros, ¿por qué estamos ante algo tan revolucionario? Porque el sistema descansa sobre la base de la confianza, bien escaso en sociedades como la nuestra y muy valorado por consumidores ávidos de atención de calidad y ojalá personalizada.

Cuando uno adquiere algo en el mercado informal renuncia a la garantía y, por lo tanto, la satisfacción está en riesgo. En cambio, la plataforma de internet de la economía colaborativa construye la confianza proporcionando la mayor cantidad de información posible a proveedor y usuario, permitiendo que ambos evalúen su satisfacción.

Vamos bastante más allá que solo trasladar el mercado negro a la internet, pues detrás de este cambio de paradigma está la lógica de aprovechar al máximo los recursos, disminuir la contaminación, generar nuevas relaciones entre comunidades con intereses similares y, en definitiva, recuperar el “tú a tú” como base de una negociación justa donde ganan todos.