Jun 3, 2015

Tendencia Slow: tomarse el tiempo

written by Rafael López
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“¿Puede un reloj cambiar tu vida?”. El eslogan es llamativo, ¡qué duda cabe! Más si se te aparece repetidamente como mensaje pagado en Facebook. ¿Cómo no pinchar la imagen de ese brazalete metalizado que promete lujo con valor agregado?

Se llama “Slow”; es suizo; es una joya; la marca no está a la vista, como prueba de su elegancia. Hasta ahí solo marketing del tradicional en formato redes sociales; lo interesante y distintivo es que propone un cambio de paradigma en la manera de ver la hora.

Así, tal cual. Si bien no está llamado a protagonizar una revolución tecnológica ni comercial, como lo hizo el reloj de pulsera digital en los setenta de la mano de Hamilton Watch Company, sí cumple el objetivo de sacudirnos del estrés y reflexionar sobre qué hacemos durante nuestro paso por la Tierra.

“Es un recordatorio sutil de que el tiempo es el bien más preciado que tenemos, por lo que debemos disfrutar de todo lo que hacemos y dejar de perseguir cada minuto. Con el fin de ser un verdadero símbolo de esta idea, el reloj tiene una sola manecilla, que gira una vez cada 24 horas”, rezan las versiones de su publirreportaje que circula por la web.

Como es previsible, el reloj Slow es una de las más recientes manifestaciones de la tendencia del mismo nombre que arrancó en 1986 en Italia con Carlo Petrini, como respuesta a la penetración de la comida rápida en el viejo continente (movimiento Slow Food, promotores de alimentos saludables, ojalá orgánicos; aunque otros interpretan la idea simplemente como “comer bien”).

Se trata de una corriente extendida a múltiples expresiones del comportamiento humano: Slow Fashion (ropa sustentable o artesanal, de segunda mano, envejecida, de manufactura propia, etc.), Slow Work (trabajo con pausas y enfocado en la calidad) y hasta Cittaslow (ciudades lentas, a escala humana). Todas ellas orientadas a volver a los orígenes, recuperar la dedicación con la que se hacían las cosas en el pasado.

Vale la pena traer el Slow a colación en fechas como Navidad o cuando se va a asistir a un cumpleaños, momentos en que el ajetreo diario amenaza con hacer de la compra del obsequio una carga.

Ojalá en esas ocasiones pensemos y recuperemos parte de esa esencia perdida, de esa magia de pensar en el destinatario, buscar el regalo con detención, envolverlo con cariño, personalizar la tarjeta y entregarlo con un abrazo. En definitiva, tomarse la molestia, tomarse el tiempo.